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¿UNA LESIÓN ES UNA LIMITACIÓN O UNA OPORTUNIDAD? Mariana Rodriguez

Frecuentemente las personas suelen preguntarme cómo prevenir lesiones; yo me pregunto si realmente es posible evitarlas.

Cada ser humano es un mundo que explorar y el cuerpo físico es susceptible de sufrir padecimientos y lesiones cuyas causas, muchas veces, no conocemos del todo.

Todos los días nuestro cuerpo se somete a diferentes estímulos mecánicos, táctiles, visuales, auditivos, olfativos y gustativos a través de los sentidos; cada uno de nosotros reacciona de forma diferente a estos estímulos y tiene un poder increíble de adaptación ante ellos, hasta el punto en que ya no puede adaptarse más. Por ejemplo:

  1. Nos acostumbramos a dormir menos horas de las que son suficientes hasta el punto de presentar desórdenes del sistema nervioso o fatiga crónica.
  2. Pasamos mucho tiempo en una postura no natural, digamos, sentados frente a una pantalla hasta que la migraña limita nuestro rendimiento en el trabajo.
  3. Entrenamos en exceso y sin la preparación adecuada para participar, tan sólo dos meses después de haber empezado a correr, en un maratón durante el cual sufrimos una lesión ósea, en músculos o en tendones que nos obliga a parar.
  4. Ejercitamos una sola capacidad física, excluimos un equilibrio que contemple todas las demás y caemos así en el sobreentrenamiento.
  5. Nos acostumbramos a vivir aprisa y con el cortisol a tope hasta que nos tumba una enfermedad autoinmune.
  6. Nos guardamos emociones y sentimientos que terminan por enfermarnos.
  7. El consumo frecuente de comida con poco valor nutricional provoca a la larga que el cuerpo no responda como se espera.

En ciertas ocasiones, y pese a que entrenemos, descansemos y nos alimentemos adecuadamente, sufrimos lesiones o enfermedades de todos modos; en otras, finalmente, por menos cuidado que tengamos con nuestro cuerpo, éste no se enferma ni se lesiona.

¿Cuál es, entonces, el mejor consejo que le puedo dar a quien me pregunte qué puede hacer para no lesionarse? Obsérvate, contémplate, escúchate, cuestiónate, ponte objetivos claros y confía en tu intuición. ¿Qué tienes que hacer para lograr tus objetivos? ¿Cómo quieres vivir esta experiencia? ¿Cuáles son tus objetivos reales? ¿Estás dispuesto a comprometerte con cumplir tus objetivos?

Comprometerse significa identificar tus necesidades y solicitar la ayuda de personas que te pueden orientar puesto que han recorrido el mismo camino que tú por más tiempo: entrenadores, maestros, fisioterapeutas, nutriólogos, médicos y psicólogos; sin embargo, sólo tú decides cómo recorrer ese camino. Si tu nutrióloga te dice que debes tomar jugo de betabel para mejorar tu rendimiento, y eres alérgica al betabel, entonces cambias de estrategia, pero no de objetivo.

Una lesión es un aprendizaje sobre algo que puedes mejorar. Si tienes la mala suerte de lesionarte, considérala mejor como la oportunidad de aprender y crecer; algunas veces, una lesión puede ser la ocasión para que te fijes por qué estás ahí y qué puedes hacer para mejorar. Ciertamente hay lesiones traumáticas e inesperadas que nos sacan de nuestro centro (pensemos, por ejemplo, en los accidentes automovilísticos) y cuyo porqué no es fácil de comprender; aun este tipo de lesiones pueden abordarse como momentos de reflexión sobre lo que te está sucediendo en ese momento.

Para mí, como conclusión, una lesión (la que quiera que esta sea) es una oportunidad más que una limitación. Claro: siempre que exista una lesión, lo mejor es acercarse a un profesional de la salud para rehabilitación o para prevenir que se repita en el futuro.

Gracias por leerme,

Mariana.

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