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¿Por qué es más difícil perder peso mientras envejeces?

¿Te sientes ansioso por los días en que dejas de comer algunos dulces o vas varias veces al gimnasio y te sientes más ligero? Si es así, no estás solo. De hecho, el adulto promedio gana hasta un kilo al año y, a medida que crece, puede parecer cada vez más complicado perder dicho peso. “Incluso si nunca han tenido problemas para mantenerse en forma, el aumento gradual de kilos se vuelve más difícil de controlar a medida que se envejece”, asegura la nutricionista Julie Stefanski, RDN.

Entonces, ¿qué está pasando? Existen algunos factores en juego. Por un lado, es probable que la grasa permanezca más tiempo en tu organismo. Según una nueva investigación, un proceso llamado recambio de lípidos (también conocido como la rapidez con que el cuerpo elimina la grasa) se vuelve más lento con el paso de los años. El resultado: Grasa corporal obstinada que simplemente no se moverá tan rápido como solía hacerlo.

“Las hormonas también juegan un papel importante”, señala Tom Holland, un fisiólogo del ejercicio. “Las mujeres sufren de una caída en el estrógeno y los hombres tienen niveles más bajos de testosterona, dos cosas que dificultan la pérdida de peso y pueden conducir a una mayor grasa abdominal, sobre todo en ellas”. Ese cambio también provoca una pérdida de masa muscular. En promedio, las personas pierden entre el tres y ocho por ciento de la masa muscular cada década luego de cumplir los 30. Y eso afecta la cantidad de calorías que el cuerpo quema durante el día. “El músculo es más activo metabólicamente que la grasa, por lo que la pérdida de músculo puede disminuir el metabolismo y causar una suma gradual de kilos”, explica Stefanski. “A menos de que aumente la actividad física o reduzca la cantidad de alimentos que consume, generalmente sube de peso”.

Ahora algunas buenas noticias: El hecho de que sea un poco más difícil perder peso no significa que sea imposible. “El entrenamiento de fuerza es realmente lo mejor, ya que ayuda a mantener la masa muscular”, dice Holland. “Nunca es demasiado tarde para comenzar y puedes ver los resultados con bastante rapidez”. Si jamás lo has intentado, piensa en tener algunas sesiones con un entrenador personal o usando Fitbit Coach; aprenderás los mejores movimientos y cómo asegurarte de que el ejercicio sea el correcto (lo cual ayuda a evitar lesiones).

Y no olvides reflexionar sobre cuánto estás poniendo en tu plato. “Ten en cuenta el tamaño actual de tus porciones y pregúntate si necesitas servirte la misma cantidad de alimento a la que estás acostumbrado”, dice Stefanski. “A veces comemos cierta cantidad según el hábito y no porque sea lo que el cuerpo necesita”. Presta atención a cómo te sientes después de cada comida; si es más que un nivel cómodo de plenitud, vuelva a marcar la cantidad.

*Este artículo no pretende sustituir el consejo médico informado. No debes usar esta información para diagnosticar o tratar un problema de salud o condición. Siempre consulta con tu doctor antes de cambiar una dieta, alterar tus hábitos de sueño, tomar suplementos o comenzar una nueva rutina de ejercicios.

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