Blog 9 de mayo

Beneficios del ejercicio vespertino

Seguramente habrás escuchado, una y otra vez, que el mejor momento para ejercitarse es durante la mañana. Y tiene sentido hacerlo antes de que el día se complique o surjan otras actividades que te lo impidan. Lo cierto es que los entrenamientos por la mañana pueden ser la opción para algunos, pero otros no son del tipo que salta de la cama temprano para ir al gimnasio antes de llegar al trabajo. Para este grupo, una sesión de sudor nocturno resulta mucho más atractiva. Y a pesar de la creencia de que los entrenamientos vespertinos pueden dejarte demasiado motivado para irte a dormir, parece que la actividad a estas horas no necesariamente equivale a perturbar las horas de descanso.

Ejercicio por la noche

Una nueva investigación hecha en Australia encontró que hacer ejercicio empezada la noche, incluso si se trata de algo intenso como un entrenamiento de intervalos de alta intensidad, no afecta al sueño. Los participantes del estudio, que se ejercitaron entre las siete y ocho de la noche, durmieron el mismo tiempo esa noche que cuando realizan rutinas por la mañana o la tarde. Curiosamente, realizar alguna actividad física a esta hora también reduce la hormona ghrelina, que está relacionada con el apetito. Así que no solo ayuda a dormir igual de bien que siempre, sino que, incluso, podría inhibir el deseo de comer algo excesivo durante la cena.

Consejos para ser constante en el entrenamiento nocturno:

1. Motivación intrínseca
Todas son buenas noticias para las personas que odian los entrenamientos matutinos, pero todavía existe un obstáculo que superar: hay que asegurarse de cumplir con el plan de ejercicio después de un largo día de trabajo. Ahí es donde entra la motivación intrínseca. «Piensa por qué el ejercicio es importante para ti; tal vez quieras estar activo con tus hijos o vivir lo suficiente como para ver crecer a tus nietos, o simplemente te haga más feliz en tu lugar de trabajo», dice el PhD Eddie O’Connor, psicólogo clínico del deporte con sede en Grand Rapids, Míchigan. «Saber por qué vale la pena ejercitarse te ayuda a elegirlo constantemente sobre cualquier otra cosa».

2. Compromiso con el hábito saludable
La fuerza de voluntad no funciona por sí sola, por lo que debes dejar de depositar toda la confianza en ella. “Si utilizas tu fuerza de voluntad durante todo el día, por la noche tendrás menos”, afirma O’Connor. «Nunca afirmes cosas como: ‘A ver cómo me siento al salir del trabajo’, porque entonces nunca tendrás ganas de hacer ejercicio. En lugar de eso, haz un compromiso con anticipación; quizás entrenar tres días a la semana a las siete de la noche, sin importar todo lo demás. Al programarlos y verlos como algo dentro de la agenda, no se verán como opción, sino como un compromiso que estás obligado a cumplir”.

3. Encuentra un horario que limite tus excusas
Otro buen truco es enlazar tus entrenamientos a otro evento. «Encontré una clase justo después del trabajo y para llegar a tiempo tengo que ir de la oficina al gimnasio», señala el doctor O’Connor. «Si me voy a casa primero, la televisión estará encendida y veré a mis hijos, por lo que es posible que ya no quiera irme. Así que agendé el gimnasio inmediatamente después de la jornada laboral, lo que lo convierte en un factor crítico para hacer de esto un hábito». Con estas herramientas, y sabiendo que un entrenamiento nocturno no te obligará a dar vueltas en la cama mientras intentas dormir, incluso los más grandes noctámbulos pueden convertirse en asiduos deportistas.

*Este artículo no pretende sustituir el consejo médico. No debes usar esta información para diagnosticar o tratar un problema de salud o condición. Siempre consulta con tu doctor antes de cambiar una dieta, alterar tus hábitos de sueño, tomar suplementos o comenzar una nueva rutina de ejercicios.

Share this post

Share on facebook
Share on twitter
Share on email